El Disidente

La reunificación del imperio: la hispanidad como eje vertebrador

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Ejercito del imperio español (representación artistica) // Revista de historia.

El siglo XIX es el episodio más oscuro de la historia de España; el final de un sueño y el inicio de un soporífero periodo de degradación continua, la perdida de las colonias de ultramar y el sometimiento social del pueblo a la falaz leyenda negra

El hispanismo tan atacado en la actualidad es el primer gesto de globalización del mundo moderno, un hito del que nos avergonzamos sin causa y del que deberíamos estar profundamente orgullosos. Algunos incultos que, por desgracia, ocupan lugares de responsabilidad se atreven a exigir a la madre patria unas disculpas por liberarlos del más profundo de los atrasos.

Son numerosos los avances portados por los conquistadores del viejo continente a las tierras de América, el principal, y más destacado, es la lengua, a día de hoy quinientos millones de personas hablan el mismo idioma, se comunican y enriquecen gracias al español. Ciencia, educación, infraestructuras de mil tipos, el nuevo mundo ha recibido tanto por parte de los españoles que llega a ser ridícula la falta de respeto y vergüenza de aquellos con los que comparto apellido y antepasados.

No hay ni un solo país de Hispanoamérica al que le haya sentado bien separase de España, dictaduras, pseudodemocracias “orgánicas”, subdesarrollo económico y social… Los países que un día formaron parte del imperio siguen estancados en el siglo XIX en muchos aspectos y en vez de exigir a sus gobernantes explicaciones, se dejan guiar por el sentimentalismo barato y un patriotismo de palabra que les han inculcado los que les dijeron que iban a ser libres mientras preparaban una coyuntura social que les hiciera esclavos de anglosajones y gabachos.

El ejemplo más reciente lo tenemos es Guinea, provincia de pleno derecho, que tras independizarse entró en una vorágine totalitaria culpa de unos lideres egoístas cuya única ambición era monopolizar el poder y la riqueza, sin pensar en el pueblo guineano que hoy, probablemente se lamenta por la decisión tomada. Sin embargo, siempre hay que ver el otro lado de la moneda, aún quedan valientes, que, guiados por la razón y el sentimiento de hermandad con España, defienden a capa y espada, un reencuentro de las naciones descendientes del imperio, una prole, que firme se siente hija de la hispanidad y aspira a esa reunificación. Sin duda, el territorio más destacado es Puerto Rico, cuyo movimiento de reunificación cuenta con miles de simpatizantes y su ciudadanía aprovecha cada viaje oficial de algún líder español para recordarle que se sienten españoles.

Desde hace dos siglos España solo hace errar en sus movimientos, cediendo espacios a los intereses expansionistas de otras naciones, que, además de negarle a su propio pueblo el derecho de soberanía pretenden que un país plenamente democrático ceda ante sus totalitarias aspiraciones. Mirar hacia otro lado y negarles a los ciudadanos del Sáhara, por ejemplo, la protección de la que es, por derecho su potencia administradora, plegarse ante los intereses marroquíes y tolerar tal aberrante salida al conflicto, solo hace aumentar el grado de desvergüenza internacional y el ridículo en materia de exteriores de este taimado gobierno.

España tiene la responsabilidad de liberarse de complejos y vergüenzas y asumir de una vez por todas, la conciencia y aspiraciones de las provincias de ultramar que un día confiaron en sus verdugos y hoy requieren que la madre patria las arrope en su revolución por la libertad. Aunque no nos guste asumirlo, España es la justa apoderada de aquellas naciones que formaron parte del imperio y que hoy se encuentras subyugadas a dictaduras y a totalitarios lideres que no representan el espíritu de libertad que defendía el hispanismo y sus principales adalides. Trasegar de la copa de la justicia y salvaguardar la democracia en cada uno de los rincones del imperio es potestad de una nación que unida, debe hacer frente al totalitario pensamiento anglosajón y a las cadenas que este ha impuesto sobre los españoles.

No podemos permitir un error más, no debemos continuar por el sendero que un 12 de junio de 1898 iniciamos. Nuestros derechos, los de los hispanos, deben prevalecer por encima de aquellas naciones que disgregaron y maltrataron a los indígenas que vivían bajo su vástago imperio. No tolero lecciones de los que sometieron a sus colonias, puesto que soy parte, del imperio que las adoptó y les dio estatus de iguales. Un ciudadano nacido en la Habana siempre fue igual que uno nacido en Madrid, no creo que los hindúes se sintieran iguales a los ingleses, ni los argelinos a los franceses. Nosotros somos la cuna de la globalización y no nos arrodillamos ante ningún extranjero que, moralizante, enarbole la bandera de la hipocresía.

Frente a los complejos y cadenas. Viva el imperio español. Una vez más, se despide, Fernando Marfil Bustillo.