El Disidente

Oportunismo político: comodín Putin y guerra económica

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Por Daniel Gutiérrez de Icenia Capital15/03/22

 

Ha pasado una semana desde su último café con radio por la mañana; enciende usted la radio y están debatiendo en el Congreso de los Diputados: tiene la palabra el Presidente del Gobierno:

—La inflación, los precios de la energía, son única responsabilidad de Putin y de su guerra ilegal en Ucrania.

Suenan reproches indignados en la bancada de la oposición. La vicepresidenta primera y ministra de Asuntos Económicos, Nadia Calviño, asiente enérgicamente, y Sánchez se reafirma:

—¡Sí, señorías, es verdad! ¡Es la verdad!

La culpa de la falta de recuperación sólida en España es de Putin. La culpa de los desabastecimientos, de Putin. ¿La culpa de la complicada situación que vamos a vivir? De Putin. ¿De la inflación (que esperemos no llegue al doble dígito)? Putin. Y así, barra libre. Ya saben: ellos dicen simplemente ‘We are deeply concerned (como suelen decir desapasionadamente los políticos por todo el mundo), y así nada es culpa suya, sino de factores ajenos. Si el oportunismo político tuviera forma de ola, esta vez sería un tsunami.

Es fundamental entender lo siguiente, en especial para los inversores más ocasionales y con menos margen para informarse detalladamente y analizar exhaustivamente la información:

La comunicación política siempre es interesada.

Desde Icenia Capital nos preocupa y nos indigna la irresponsabilidad de enviar señales equívocas desde la alta política a la sociedad civil, ya que esto puede empujar a los individuos a tomar malas decisiones que luego sufren en sus carnes. Por ejemplo, un inversor podría dar por ciertas las palabras de Sánchez a la hora de formarse unas expectativas sobre la inflación: ‘Si esto es culpa de Putin, entonces cuando termine el conflicto en Ucrania también empezarán a moderarse las cifras de inflación.’ Este razonamiento inevitablemente llevaría a ese inversor a adaptar su cartera a un horizonte temporal de inflación ficticio que muy probablemente terminaría golpeando a su rentabilidad y, por tanto, a su patrimonio.

Sea como fuere, la pandemia primero y Putin después le han servido al gobierno de Pedro Sánchez para sepultar una pésima gestión en todos los aspectos clave del cuadro macro. Y no sólo a él: a todos los cómplices internacionales adictos a la impresora de billetes les ha venido bien la excusa. La retórica oficial desde hace algo más de una semana es que Rusia y Putin, Putin y Rusia, tienen la culpa de la inflación desbocada. Sin embargo, ésta no es sino la consecuencia de apretar en exceso el botón de imprimir más dinero y hacerlo circular en la economía en forma de deuda, lo que provoca cuellos de botella en cadenas de suministro que no pueden atender el exceso de demanda en ciertos factores productivos venido de la expansión monetaria, lo cual eleva los precios por cuestión de oferta y demanda. Esto va sumado al hecho cierto de que, para una cantidad de activos determinada, hay mucho más dinero en circulación, por lo que cualquier activo (desde una casa hasta una empresa, pasando por cualquier mercadería que pueda pensarse o factor productivo), comparativamente, vale más en términos nominales que antes (porque el dinero vale menos que antes, ya que ahora es más abundante). 

Veámoslo de la siguiente forma: usted es el único comprador posible para 10 casas exactamente iguales, y dispone usted de 10 monedas. La lógica dice que cada casa le costará una moneda. Ahora supongamos que pasa usted a disponer de 20 monedas: ¡ahora, simplemente por tener más dinero disponible, le pedirán 2 monedas por cada casa; es decir,! con 1 moneda ya no alcanza para comprar lo mismo que antes! En esta sociedad, tener 2 monedas es claramente más difícil que tener 1, en especialidad para los más pobres, que tienen mayores dificultades para capitalizarse. Por tanto, los pobres se vuelven más pobres; los ricos, pueden acceder más fácilmente a ciertos activos que les protegen de esa inflación, como por ejemplo esas casas de las que hablábamos.

Desde el punto de vista macroeconómico, imprimir dinero (lo que técnicamente se conoce como ‘aumentar la oferta monetaria’) es como meter agua en el sistema hídrico. Antes teníamos la suerte de que el mundo era global, y ese exceso de agua en el río tenía diferentes cauces para llegar a distintos mares. Como las cadenas de suministro y la globalización se han roto por el COVID y ahora por la guerra, ese exceso de agua que le hemos metido al sistema económico no encuentra por dónde salir sin que desborde. De esta forma, se desborda a lo grande, y ese gran desborde es la inflación. Porque ahora no están los cauces que permitían desaguar desde cualquier río hacia cualquiera de los mares, lo que resulta grandes balsas que rebosan y desbordan sobre el único mar al que cada río tiene acceso. En nuestro ejemplo del agua, cuando el río desborda, arrasa las orillas y destruye lo que tiene alrededor; es decir, genera pobreza. La inflación es un impuesto encubierto aplicado a todo el mundo y sin regulación alguna. Sólo aquellos que pueden pagarse una mejor casa, más alta o alejada del desborde, sobreviven.

 

Pues no es así. Esta inflación tiene varias y enormes ventajas para los gobiernos de los estados europeos y para EE.UU.: 

  • Les permite financiarse fácilmente a costa de empobrecer a sus ciudadanos: el gobierno gasta lo que acaba de imprimir; sólo cuando ese dinero entra en la economía tiene lugar el aumento de precios; posteriormente, la recaudación fiscal ya viene corregida por la inflación, ya que los impuestos se expresan porcentualmente. Es en este sentido que se dice que la inflación es un impuesto encubierto, ya que financia a los gobiernos a costa del poder adquisitivo del ciudadano.

 

  • La deuda, que siempre está expresada en términos nominales, se ve diluida en términos reales: si me prestan el dinero al 1% y la inflación es del 6%, en términos reales (es decir, en términos de poder adquisitivo) estoy pagando en realidad el –5%; y cuando tienes mucha deuda (y nuestros estados la tienen) es una forma fácil de introducir un descuento fuerte sobre la deuda. 

 

¡Pero esperen, esperen, que hay más, no se vayan! Hasta ahora, Europa ha emitido eurobonos, o ‘Coronabonos’; esto es, se está prestando dinero a países como España, respaldados por Alemania como avalista. Y digo yo: un bono soberano, ¿contra qué garantía se emite? Pues contra los ingresos de sus ciudadanos a través del sistema tributario. Pero si España emite bonos españoles en base a su capacidad de extraer parte de la renta de los españoles, cuando Europa emite bonos europeos lo hará… ¡exacto, contra euro-impuestos!

No pasará mucho tiempo antes de que veamos impuestos europeos temporales para paliar el efecto de la pandemia y de la guerra, y todos los europeos seremos vacas exprimidas no ya sólo por nuestros estados soberanos, sino también por el aparato supraestatal europeo.

 

Enmarcando la inflación en el cuadro macroeconómico de España

Mencionaremos ahora algunas claves macro referentes al país adicionales a la inflación.

  • Las cifras de empleo son bastante malas, en especial en el sector privado; de hecho, el nivel de empleo público supera al privado. Recordemos la lección que mencionábamos al principio del artículo: la acción (antes comunicación) política siempre es interesada. En este aspecto, hay que mencionar que la contratación pública, lejos de hacerse con criterio económico y pragmático, se usa a menudo para maquillar las cifras globales de desempleo. No olvidemos que el sector productivo es el privado en las economías occidentales.

 

  • El esfuerzo fiscal se eleva a máximos históricos, situándose en el top 5 mundial. La presión fiscal se sitúa en el octavo puesto de 27 dentro de la UE, una vez corregida por quienes son los pagadores reales (es decir, si nos ceñimos a los trabajadores en activo).

 

  • La presión de las rentas que denominan ‘altas’ (las que reciben más de 40 mil euros anuales) por encima de los famosos países nórdicos.

 

  • El déficit alcanza el 12%, una cifra escalofriante.

 

  • La deuda equivale al 125% del PIB en el último dato reconocido, aunque habría que estudiar la verosimilitud de la cifra de PIB, que está inflada por el gasto público. Bien calculado, seguramente estaremos en una deuda cercana al 130%.

 

  • Respecto a los efectos de segunda ronda de la inflación, tenemos a sindicatos pidiendo alzas salariales del 5%, sumado a los costes energéticos; si esta situación se prolonga, tendrán lugar cierres de muchas empresas incapaces de hacer frente a los costes crecientes.

 

Y ¿qué hay del dinero europeo? Pues lamentablemente está destinado a gasto clientelar y gasto corriente, en lugar de a producir un cambio estructural de la economía. Pensemos, además, que el dinero europeo viene del bolsillo de los europeos y, mire usted por dónde, los españoles son también europeos; por lo que antes o después nos estamos pagando con nuestro propio dinero, al menos en parte. Nos hemos hecho a nosotros mismos un préstamo adelantado, para acabar gastando hoy lo que tendremos que aportar mañana, nada más. Por supuesto, la eficiencia del uso de esos fondos también es cuestionable. Además, lo que ya se ha repartido no ha llegado a la economía real (en especial a las pymes), sino que su gestión se ha quedado en una gran consultora de las big four que gestiona los fondos y se los da a grandes compañías que tienen grandes contratos con… exacto, con el Estado. Al final, el dinero futuro del Estado se presta al Estado presente para que el Estado presente lo reparta entre empresas dependientes del Estado presente y asociaciones afines al Estado presente. Como Groucho Marx: ‘la parte contratante de la primera parte…’. Y así toda una larga y penosa letanía de uso politizado y temerario de los ingresos públicos. En lugar de eficiencia en el gasto y de respeto por el contribuyente, abuso y latrocinio para gasto clientelar.

¿Qué solución proponen los ‘expertos’ afines al poder político? Por supuesto, una gran subida fiscal que armonice la presión fiscal entre todos los españoles por igual. Es decir vivas donde vivas y seas quien seas te vamos a igualar a la baja, crujiéndote a impuestos, transversal, lateral, horizontal y verticalmente. Que no te escapas, vaya. Y todo ello para destinarlo a gastos bien conocidos por todos, cuya implementación no es precisamente urgente dadas las circunstancias (pero recordemos: la acción política siempre es interesada). ¿Y bajadas de impuestos que alivien la presión sobre las empresas, en especial las pymes? Pues va a ser que no: mientras otros países bajan los impuestos del carburante y asociados, en España los dejamos como están, y eso que representan entre el 46 y el 58%. Sí, ha leído usted bien: entre el 46 y el 58% del precio que usted paga por la gasolina, el gas o la luz, son impuestos (y no hace falta de decir que las salvajes subidas de los precios provocan salvajes recaudaciones impositivas); y todo esto teniendo en cuenta que tanto el Brent como el petróleo de los Urales se comercian en mercados a futuros de dos a seis meses, por lo que la subida de precios a causa de la guerra ya está absorbida en los precios, y así va a seguir durante algún tiempo. Industrias enteras van a sufrir recortes, despidos y paradas de producción por los altos costes. Y luego se atreven a decirle a usted que apagando la calefacción se soluciona todo.



Seguimiento de la guerra en Ucrania: nuevo análisis geopolítico y de perspectivas macro

Europa, por ahora, sigue en la política del ‘deeply concerned’. En una Europa devastada por la falta de consenso moral, campa a sus anchas en tierras ucranianas un ejército entero bajo las órdenes más o menos directas de un ex agente del KGB, que se preocupa de su salida al mar y de tener bien lejos a su enemigo por antonomasia, los Estados Unidos de América.

La acción política siempre es interesada…

Al mismo tiempo, el gobierno ruso ‘sugiere’ a los vecinos fronterizos que ni se planteen entrar en la OTAN, y ya veremos si tampoco en la Unión Europea. La desfachatez de la sugerencia, convertida en extorsión, sólo es superada por el descrédito que la UE, y más aún la OTAN, muestran ante un potencial aliado a corto plazo, como es Ucrania. 

Zelenksy recibe deeply concerned’s a montones, pero de apoyo militar ni hablemos, por lo que pueda pasar.

A pesar de todo, y gracias precisamente a los embargos comerciales, la guerra le está saliendo a Rusia muy cara, y no es tan fácil que la ocupación perdure en el tiempo. La economía rusa tiene un tamaño similar a la española; no es una supereconomía, y el coste de la guerra pesa. Eso nos lleva a plantearnos cómo está financiando Rusia la guerra. Pues con control de capitales y obligando a sus empresas y ciudadanos a poseer rublos en lugar de dólares, y estableciendo una fuerte comisión por el canje de divisas. En pocas palabras, una Argentina 2.0, con cepo cambiario y convertibilidad forzosa,  además de control de capitales. Además, paga sus obligaciones en moneda devaluada, en rublos, en un golpe poético hacia aquellos que provocaron el embargo. 

Para colmo de la desfachatez, se nos dice que apaguemos la calefacción. Y es que este problema energético es estructural y no se resuelve bajando la estufa, sino construyendo centrales nucleares y abandonando el suicidio eco-sostenible, que a los únicos país que beneficia son a Francia (que nos vende la energía que le sobra gracias a su fuerte apuesta por lo nuclear); y a Rusia, que mientras nosotros nos preocupamos en ser eco-friendly, ellos nos venden el gas sin el que no tenemos electricidad. Y, por cierto: recordemos que sin electricidad no hay ordenadores, y sin ordenadores no hay criptomonedas que valgan. Aquellos que afirman que Bitcoin es un refugio contra la inflación deben reconocer que los procesos que mantienen segura a la red Bitcoin consumen una ingente cantidad de energía, que es el gran talón de Aquiles del sistema; si volvemos a la edad de las cavernas enérgicamente hablando, no habrá criptoactivo que valga en Europa.

 

Sanciones que nos sancionan

Si estudiamos bien las sanciones impuestas a Rusia nos daremos cuenta de que, si bien no están enviando armas militares a Ucrania, sí están enviando auténticas armas económicas, cuya finalidad es que EE.UU. y China se repartan el pastel del comercio internacional en dos grandes mitades y que ambos modelos compitan en plena guerra económica y de rutas comerciales, con su correspondiente escalada de aranceles entre ambos países y con un desacoplo comercial que no viene a ser otra cosa que reinstaurar la economía de bloques.

La acción política siempre es interesada…

A propósito de las sanciones y de la táctica de ahogar financieramente a Rusia dejando de consumir su energía (lo cual por ahora seguimos haciendo a razón de 700 millones de euros diarios): Rusia puede venderle a otros países fuera de Europa, y si a esto le añadimos el aumento de los precios de la energía, el descuento que tiene que hacer Rusia sobre su energía para venderla a otros países, en términos reales, deja el precio de venta de la energía a un precio similar al que había previo a las sanciones. 

Al final, por tanto, parte de las sanciones las pagan los europeos, a través de precios más altos de la energía, y a través del hecho de que el principal socio del granero ucraniano es Rusia, y si castigamos comercialmente a Rusia indirectamente estamos castigando en el medio plazo a Ucrania, y con ello a nosotros mismos en la compra de algo tan básico como granos de cereal, por ejemplo. Además, como respuesta a la cacicada de congelar temporalmente los activos, los rusos deciden hacer un default en forma de divisa convertible: paga sus obligaciones en rublos devaluados en lugar de en dólares, y da los bonos por pagados, impagando así únicamente a los extranjeros. En China, con la caída del sector inmobiliario, pasó exactamente lo mismo. ¿Quién lo diría? Dos economías vecinas, basadas ambas en el control de capitales, la falta de libertades ciudadanas, el estatismo y neomercantilismo, utilizando las mismas medidas cuando la economía se tuerce… ¡No se podía saber! 

Por si fuera poco, el país que más podría respaldar (hipotéticamente) su moneda en patrón oro, sería Rusia, precisamente por la ingente cantidad de oro que tienen desde la Guerra Civil Española. Por resumirlo muy brevemente: si Rusia y China promulgan una criptodivisa respaldada por el oro, que pueda utilizarse y aceptarse como medio de pago, eso será un duro golpe contra el bloque occidental, como también lo será si Rusia y China desarrollan un sistema similar a SWIFT, como ya han hecho, para eliminar los costes de transacción por verificación de las transacciones financieras. Finalmente, si China, después de firmar el mayor acuerdo comercial del mundo, impone que éste debe de saldarse en yuanes y no en dólares, la demanda de dólares se desplomará y aumentará la inflación en el bloque occidental.

Lo que se está jugando en este peculiar campo de batalla es la fortaleza del dólar y su condición de divisa de reserva mundial; al fin y al cabo se está atacando el acuerdo alcanzado en Bretton Woods, y que ha permitido a EE.UU. lograr la hegemonía de las transacciones comerciales mundiales en los últimos 80 años. Bueno, también está en juego una posible hambruna por la escasez de cereales y por los altos precios, pero, ¿eso a quién le importa? A Estados Unidos y China no, ya que la bolsa de materias primas de Boston está subiendo como la espuma; las materias primas se aprecian, Y Estados Unidos tiene de repente muy buenas relaciones con México para el comercio de maíz y con Venezuela e Irán para el de petróleo. Por su parte, China posee tierras cultivables en África; la misma África cuya población no podrá hacer frente a las subidas de precio de alimentos básicos como el pan. Poco importa también que Nicolás Maduro o el régimen iraní sean iguales o peores que los dirigentes rusos: todo está justificado en aras de mantener el estatus geoestratégico del gobierno estadounidense, tanto a ojos del exterior como a ojos de su electorado. 

La acción política siempre es interesada…

Pocos se pueden reír ahora del ‘abuelito Biden’: una semana ha tardado en volver a negociar con parte del ‘Eje del Mal’, como llegó a calificarlos el expresidente Bush.

 

La reconfiguración de los bloques económicos

Tras una reedición de la economía de bloques surgida de la Guerra Fría, es fácil ver la premisa que guiará la reconfiguración: el mundo es lo suficientemente grande para que dos titanes se lo repartan y después pugnen por ver qué modelo socioeconómico domina. Ahí vendrá la Gran Batalla del Pacífico, con Taiwán como escenario; pero hasta entonces tú, Estados Unidos, te quedas con tu modelo socialdemócrata semiliberal y semicapitalista–neomercantilista; y yo, China, me quedo con mi modelo autocrático y de neomercantilismo de Estado. Cada uno con sus aliados dependientes (más bien acólitos) que nos permitan mantener nuestros intereses por el mundo mientras las guerras se libran lejos de nuestras fronteras. Y en medio de todo eso hay unos idiotas que pagan el pato, llamados ‘ciudadanos’, que no entienden nada y que, en el mejor de los casos, se empobrecen; y, en el peor, estarán muriendo en una guerra que no entienden.

La acción política siempre es interesada…