El Disidente

De la manipulación monetaria al Jueves Negro

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Wall Street, Nueva York

Uno de los acontecimientos más devastadores de la historia reciente tuvo lugar en EE. UU. en 1929, una crisis financiera que condujo a una Gran Depresión, que a la postre nos llevó a la búsqueda de nuevas alternativas al mundo económico; comunismo, fascismo y a una guerra mundial que dejó entre 50 y 60 millones de muertos.

Si buscas en Wikipedia ‘Gran Depresión‘ o ‘crac del 29‘, no hallarás un análisis monetario de las causas que lo pudieron originar. Es más común encontrar lecturas sobre una burbuja especulativa, algo así como si el capitalismo nos hubiera vuelto egoístas, como si los felices años 20 hubieran inoculado la fiebre de un consumismo irrefrenable.

No en vano, la lectura que sacaron los políticos para arreglar el follón que había dejado el crac fue, el New Deal de Roosevelt, una manera de decir, ”volvamos a barajar las cartas”. De esos polvos estos lodos, y salió la figura emergente de Keynes que dotó a los políticos de la herramienta económica por la que la futura solución descansaría en manos de los gobernantes.

Como vimos en el artículo anterior continuamos con la política monetaria, ahora ya sin metal, un escenario más moderno y alejado de los viejos imperios. Vamos a ver el ‘crac del 29bajo el patrón oro.

Antes de meternos en harina, en analizar que políticas monetarias pudieron motivar tal escenario, vamos a aprender cómo se crea moneda alejándonos de la antigua usanza (restar materiales para depreciarla).

Moneda antigua vs moneda actual

Antiguamente, se podía producir moneda en tanto en cuanto a la nueva se le aplicaba menos metal, en el imperio romano se maleaba el material noble mezclándolo con otros menos valiosos. La moneda era el denario, de ahí viene la palabra dinero. En tiempos de Augusto, el primer emperador, cada denario estaba compuesto en un 95 % por plata y en un 5 % por otros metales, el emperador sevillano Trajano, mucho más tarde la bajaba a un 10 % de plata y Caracalla (hijo de Septimio Severo), lo dejó en un 50 %.

Si el denario se envilece y pierde valor, la diferencia entre recibir una moneda con el 95 % de plata a recibir una con un pequeño baño de plata, nos lleva ineludiblemente a incrementar el precio del producto que vendes, lo que antes valía una moneda pasa a valer más.

Pues bien, los precios suben y así observamos la inflación, pero hoy en día no tenemos un activo real como las monedas con materiales nobles, dinero mercancía como el oro y la plata. El dinero en moneda se transformó en papel por su mejor manejo, el oro se custodió en cámaras de seguridad y pasamos a tener en la mano pagarés.

Patrón oro y El Mago de Oz

Pensadores como John Locke respaldaban el patrón oro porque entre otras cosas era un límite al poder del Estado, este no podía emitir moneda sin acopiar reserva en oro.

Sobre este tema solo os contaré una anécdota curiosa de las que me gustan, una teoría sobre las limitaciones del patrón oro defendida por los economistas Gregory Mankiw y Paul Kruger. A finales del siglo XIX, que es cuando Lyman Frank Baum escribe la obra El mago de Oz se suscita la siguiente tesis:

Estados Unidos vivía Una crisis que provocó que se tambaleara la joya de la corona de la historia económica: el patrón oro. Era un metal escaso e impedía respaldar la creación de dinero. Esta circunstancia provocó una enorme redistribución de la riqueza entre acreedores, los banqueros del noreste de EEUU; y deudores, granjeros del sur y del medio-oeste.

La solución al problema vino con la propuesta de sumar la plata al trono e instaurar un patrón bimetálico

Los candidatos rivales se situaron a un lado y a otro del metal. William McKinley, republicano y con la simpatía de los banqueros del noreste, se erigió en defensor del viejo patrón oro. Otro William, Jennings Bryan, demócrata y de familia de agricultores del Medio Oeste. Oro contra plata. Banqueros contra agricultores. Oligarcas contra pequeños propietarios. Noreste contra suroeste. Pura épica en las manos de un escritor que hizo caminar a una niña con unos zapatos de plata… sobre baldosas doradas.

Dorothy en el Mago de Oz, representa los valores norteamericanos tradicionales, hace tres amigos: un espantapájaros -el Agricultor-, un hombre de hojalata -el Obrero Industrial- y un león cuyo rugido es mayor que su poder -el populista Jennings Bryan-.

Juntos atraviesan una peligrosa carretera hecha de ladrillos amarillos (el patrón Oro), esperando encontrar al Mago que ayudará a Dorothy a volver a casa. Finalmente, llegan a Oz, donde todos ven el mundo a través de unas gafas verdes (el dinero). El Mago (el candidato republicano William McKinley) resulta ser un fraude. Y el problema de Dorothy solo se resuelve cuando repara en el poder mágico de sus zapatillas… de plata. (El Economista 2021)

El patrón oro limitaba la oferta monetaria, pero si se creaba en exceso, aún con respaldo del activo real, también desvirtuaba la economía productiva. Una de las formas de inyectar liquidez es a través de los tipos de interés.

Reserva Federal durante la burbuja

La Reserva Federal sostuvo los tipos de interés bajos durante la burbuja, este descenso artificial cuando no hay demanda suele provocar una expansión del crédito, el consumo crece y suben los precios. Gran parte del excedente va a parar a las inversiones más rentables como el sector inmobiliario, los precios de los inmuebles suben por la elevada demanda más allá de su valor real. Esto es así simplemente porque mucha gente los quiere y puede comprarlos porque tienen crédito.

A modo de ejemplo, los precios de las acciones se cuadriplicaron y el hierro y el acero subieron un 160%, se había generado una gigantesca burbuja inmobiliaria en el país.

Para pinchar la inflación la Reserva Federal elevó durante el crac los tipos de interés y este comportamiento propició una falta de liquidez, estallando el jueves negro. En esencia, esta es la postura que defendieron economistas como Swartz y Hamilton.

Un problema llamado burbuja

Lo absolutamente cierto es, que jugar a ser dueño y señor del control económico puede estropear más que arreglar, ya que lo habitual es ver como los gobiernos manejen los tiempos económicos adecuándolos al corto plazo. Este control llevó a Estados Unidos a través del presidente de la Reserva Federal, Benjamin Strong, a incrementar la masa monetaria de 45,3 mil millones de dólares a 73,26 mil millones de dólares, entre 1921 y 1929, un 61,8%.

Si creamos dinero y este no se traduce en un gasto porque los tenedores lo quieren atesorar no habremos alterado la situación. Si ese dinero se invierte, a mayor inversión, los tipos de interés de estas operaciones descenderán, es decir, si la emisión monetaria no se filtra en consumo de bienes y servicios, hemos hecho un pan con unas hostias.

Pero este dinero que generó la Reserva Federal sobrepasó la demanda que la economía productiva requería, y esa cantidad en exceso se depositó en proyectos que resultaron ser burbujas.

¿La solución?

Friedman en su propuesta de política monetaria planteaba fijar el crecimiento de los agregados monetarios en un nivel que fuera compatible con el crecimiento de la economía a largo plazo y abandonando la discrecionalidad de las autoridades monetarias. No olvidemos que para el premio Nobel la inflación era siempre un fenómeno pura y exclusivamente monetario.

El dinero se debe crear en aquel escenario en el que la capacidad productiva de la economía no es capaz de generar lo suficiente como para canalizar ahorro. El crecimiento no depende de los tipos de interés: A largo plazo, el crecimiento depende del ahorro, esto es, de los factores productivos disponibles para fabricar bienes de capital.

No es contraproducente darle a la impresora de billetes en cualquier escenario, en algunos donde el umbral de productividad ha tocado techo es necesario. Esto se observa gráficamente con el suelo cultivable, una vez se agota, se limita la productividad. En Inglaterra se solventó con la Revolución Industrial.

El problema actual

El problema es siempre el mismo, ya sea en el imperio romano, español o francés. Ahora y a principios del siglo XX la nueva moneda nace bajo vínculos políticos y a satisfacción de estos, antes eran reyes y ahora son supuestas instituciones independientes que son manejadas por el gobierno, bien sea la Reserva Federal o el Banco Central Europeo.

Por lo tanto, ahora no se le resta plata a una moneda, se le da a una gran impresora para que haga billetes, comprando bonos a los países, bajando intereses a los bancos, en definitiva, creando moneda.

¿Os acordáis qué hacía un mal estadista cuando había un colapso financiero?, el famoso edicto de Diocleciano.

Cuando a un político le sale mal la jugada nace la idea de ”ha faltado control”, “teníamos que haber atado en corto a bancos, especuladores, etc.”, pero en realidad los políticos son los que echan leña al fuego y alimentan la burbuja.

En 1929, en Estados Unidos el desempleo aumentó hasta el 25 % con 1.500.000 de parados; en 1933 se llegó a los 14.500.000: en apenas cuatro años se perdieron más de trece millones de puestos de trabajo. Para contrarrestar esa supuesta economía capitalista fracasada, nació el fascismo, el nazismo, el comunismo y el keynesianismo.