El Disidente

¿Quiénes eran los Tokkōtai?

Share on facebook
Facebook
Share on email
Email
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on whatsapp
WhatsApp
Share on telegram
Telegram
Share on facebook
Share on email
Share on twitter
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on telegram
Seis pilotos tokkōtai. Imagen: Hulton-Deutsch Collection/CORBIS/Corbis via Getty Images

Conocidos por haber sido los pilotos de la Armada Imperial Japonesa que llevaban adelante ataques aéreos suicidas en el ocaso de la Segunda Guerra Mundial, las misiones niponas centraban su finalidad en concretar el impacto del objetivo, causando el mayor daño posible.

Estas operaciones, popularmente conocidas como efectuadas por los pilotos kamikaze, han llegado a hundir más de 30 buques de guerra aliados y causado una cifra cercana a las 10 mil bajas.

Verdadero nombre

Lo cierto es que la palabra kamikaze era la utilizada por los Estados Unidos para hacer alusión a este tipo de ataques. Kamikaze en japonés significa “viento divino”.

Pero para Japón esto no era así. El término empleado era Shinpū tokubetsu kōgeki tai, que significa como tal la Unidad Especial de Ataque Shinpu (Tokkōtai).

Aparición y reclutamiento

En los últimos pasajes de la Segunda Guerra Mundial (1944 – 1945) irrumpieron los pilotos de la Armada Imperial Japonesa que funcionaban enteramente como un escuadrón suicida.

Sus ejercicios se encontraban supeditados a los requerimientos del Imperio del Japón. La persecución del proyecto sobre el dominio total del Pacífico llevó al planeamiento de este tipo de ofensivas, luciendo como ataques rápidos, sorpresivos y catastróficos.

El canal de reclutamiento era voluntario y estaba dirigido, mayormente, a jóvenes estudiantes universitarios del Japón. El argumento motivador era la inyección en la estima de los novatos pilotos, hacerlos sentir importantes. Ellos eran vitales para la causa mayor: defender a la patria.

Al grupo tokkōtai se lo suele relacionar con una línea fanática ya que materializaba el concepto de infravalorar la vida. No obstante, la lógica utilizada era la inversa. La causa estaba por encima de la vida. Los jóvenes pilotos demostraban una lealtad superlativa sin filtro alguno con su país.

Es menester aclarar que existen un montón de grises a la hora de estudiar el reclutamiento de los pilotos. Además del compromiso y la lealtad, existía el miedo. Presiones y posibles represalias en caso de desestimar la propuesta o desertar cambian por completo la dinámica del reclutamiento, erosionando la idea genuina de voluntariado.

Modus operandi: Matar matando

En palabras frías, la lógica de los ataques era rápida y efectiva. Los vuelos suicidas por parte de la Armada Imperial Japonesa dejaban resultantes favorables desde su asimetría. Por cada piloto que se estrellaba en el blanco diagramado, los aliados padecían numerosas bajas. El daño era dispar.

Los aviones nipones caían, literalmente, como aves. Estos estaban cargados de bombas dentro para que, alcanzado el objetivo, el daño sea mayor. Era necesaria la presencia del piloto a la hora del impacto para el cumplimiento de una absoluta precisión.

Antes de realizar el ataque, los pilotos tokkōtai realizaban una suerte de ritual: tomaban una taza de sake y comían una porción de arroz.

Sin un número exacto, la cantidad de vuelos suicidas que se han realizado oscila entre los 3000 y 4000.

Despedida de los pilotos­: ¿Todo fue lealtad?

Apelando a los registros de las cartas de despedida que dejaron los tokkōtai a sus círculos familiares, es observable una diferencia en el espíritu de los pilotos, derribando el mito de que todo era lealtad ciega para con el imperio.

Takuji Mikuriya, miembro de la Unidad de Ataque Especial con 22 años, fue un ejemplo de convencimiento para la causa tokkōtai:

“Nadie piensa en su propia muerte en el momento de asestar un golpe al adversario. Nosotros simplemente golpeamos y rezamos por la vida eterna de Japón (o quizá recemos por causar muchas víctimas). Un piloto retoma el maternal amor de su patria inmolándose en un enfrentamiento con el más poderoso enemigo que quepa imaginar. Podéis decir que muere sin alcanzar sus metas en la vida, pero debéis aceptar que muere feliz”*.

En las antípodas, Akio Otsuka fue uno de los pilotos que no quería suicidarse, pareciendo asimilar el desprecio por la vida que conllevaba cada una de estas ofensivas niponas:

Voy a morir contra mi voluntad. Y lo haré con pesadumbre y ansiedad en mi corazón. Si no sois capaces de recuperar la tranquilidad de espíritu cuando conozcáis mi muerte, y alguno de vosotros realiza un acto fatal, ¿de qué habrá servido mi sacrificio?”*.

*Fragmentos de cartas recuperados de abc.es