El Disidente

La historia del Muro de Berlín

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Alemanes occidentales escalan el Muro de Berlín. Fotografía: HESSE, ULLSTEIN BILD/GETTY

El Muro de Berlín fue un ícono del tiempo en que vivió. Su existencia sintetizaba las distintas aristas de la coyuntura de los años que corrían. Una pared de hormigón de casi cuatro metros dividía dos modelos de vida que operaban en una misma ciudad, pero que se desafiaban a lo largo de todo el planisferio. Berlín fue la expresión más específica de la discordia entre la Casa Blanca y el Kremlin durante la segunda posguerra.

Dicotomía

Luego de la Segunda Guerra Mundial el sistema internacional se reordenó de forma inédita. La hegemonía se desplazó de Europa.

Gran parte de la segunda mitad del siglo XX se vio ocupada por una disputa binaria, por un contexto bipolar. Estados Unidos y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas discutieron por el predominio mundial, buscando implementar el modelo que cada superpotencia promulgaba.

La contienda que animó el orden del globo desde 1945 hasta los albores de los ’90 se conoce como Guerra Fría, caracterizada por la no existencia de enfrentamiento abierto entre los hegemones y por la multiplicidad de dimensiones de disputa, no solo la castrense. La Guerra Fría tuvo una lógica indirecta y trasladó la rivalidad más allá del enfoque clásico belicista. Donde era posible medir las capacidades de los actores, era posible la confrontación.

Al respecto de la no acción directa, el famoso historiador Eric Hobsbawm en su libro “Historia del siglo XX” destaca la intención de ambas potencias de no contemplar el escenario conflictual como una herramienta política dentro de lo que comprendía la bilateralidad. Eludir la guerra abierta entre Washington y Moscú era eludir un pacto suicida.

División de Alemania

Remontémonos al pasado, más específicamente a las cumbres que se producen en el ocaso de la Segunda Guerra Mundial. Entre los mandatarios de los países aliados  -a excepción de Francia- se deliberaron varias cuestiones sobre la reconfiguración de Europa, entre ellas el futuro de Alemania. El territorio germano se dividió entre los vencedores de la Segunda Guerra Mundial, incluyendo al país galo.

Alemania se repartió y ocupó de la siguiente manera: El lado Este alemán se llamó República Democrática Alemana (RDA) y estaba gobernado por la Unión Soviética. En cambio, el Bloque occidental, conformado por Francia, Gran Bretaña y los Estados Unidos gestionaron la zona Oeste, conocida como República Federal Alemana (RFA). También se dividió su capital, Berlín, ubicada en el corazón de la parte Este.

“La URSS aceptó a regañadientes el Berlín Oeste como un enclave occidental en la parte del territorio alemán que controlaba, pero no estaba dispuesta a discutir el tema con las armas” apuntaba Hobsbawm sobre la división de Alemania y refería a las dificultades que trajo para los soviéticos una Berlín occidental en el Este, una suerte de piedra en el zapato para Moscú.

El levantamiento

El trascurso del tiempo ilustró las consecuencias de los sistemas de organización social en divergencia, reflejadas en la calidad de vida de las personas. Entre 1949 y 1960 hasta 3 millones de personas dejaron el lado Este hacia a Berlín occidental en busca de un mejor pasar. La huida de la población germana oriental era más que una advertencia para el gobierno de la República Democrática Alemana. El capital humano en declive galopante materializaba una clara amenaza en materia económica.

La relación entre la Unión Soviética y los Estados Unidos no lució por una uniformidad durante la Guerra Fría. A comienzos de la década de los ’60 el lazo entre los hegemones lo estructuraba una tensión absoluta. El entonces presidente de los Estados Unidos, John Fitzgerald Kennedy, alertó tajantemente que “no toquen Berlín Oeste”. La interpretación de la frase por parte del lado soviético concretó la idea de una barrera en tanto y en cuanto el propio accionar no extralimite el territorio occidental.

El 13 de Agosto de 1961 la RDA levantó un muro fronterizo como solución inmediata a la disminución demográfica. Occidente, en el oportuno juego propagandístico que desprendía de las circunstancias, catalogaba al Muro de Berlín como “El muro de la vergüenza”.

El Muro de Berlín fue un exponente de la Guerra fría, durando 28 años en pie

A lo largo de su existencia fueron muchos los intentos de las personas que trataron pasar del lado Este al Oeste. Se conocen al menos 140 víctimas fatales y más de dos centenares de heridos.

A finales de los ’80 eran nítidamente detectables las señales de decadencia de uno de los dos modelos. La compleja y frágil situación donde se encontraban los aliados comunistas, la presión de la opinión procedente de Occidente y la inminencia del colapso de la Unión Soviética (1991) dada la profunda crisis socioeconómica de la región fueron las razones que dieron paso al derrumbe del muro el 9 de noviembre de 1989.

La reunificación de Alemania y la desintegración de la URSS nos llevan al final de la Guerra Fría. Uno de los dos polos de influencia se desvaneció.

La caída del Muro de Berlín transforma, junto a la disolución de la Unión Soviética, el mapa geopolítico. El colapso del Bloque comunista cambia el orden internacional por completo. Los años venideros tendrán a Washington como agencia central del mundo.