El Disidente

La tiranía monetaria

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BLACKRED / GETTY IMAGES

En artículos anteriores vimos las posiciones del liberalismo en relación con la intervención estatal, en esencia, todas las posturas tienden a restar fuerza al poder gubernamental. ¿Qué fundamentos tienen para sospechar del Estado?, ¿acaso no va a proteger al más desprovisto de los ciudadanos?

De las distintas formas de intervención me voy a centrar en la manipulación monetaria. Una suerte de contrahistoria que pretende mostrar otra visión más económica de aquello que nos han enseñado, observar las consecuencias de importantes cambios históricos, como el declive de los imperios. Para muchos economistas los orígenes de la caída del impero romano, el español o de la revolución francesa, se gestaron en burbujas financieras, en la creación de moneda sin respaldo con ahorro.

Antes de empezar, siempre me satisface exponer un ejemplo que me apasiona sobre la justificación de la participación del Estado. Imaginad a un premio nobel que os dice que, a modo de ejemplo, si los faros fueran producto de inversiones privadas, una vez construidos no serían rentables, puesto ¿Qué barco iba a pagar por una luz que ilumina indiscriminadamente a unos y a otros?

Pues esto es lo que formuló el premio nobel Keynesiano, Paul Samuelson (en la universidad pública en España era habitual disponer del libro Samuelson-Norhaus cual biblia en un seminario). Dicho lo cual, Samuelson expuso este argumento de peso para justificar la intervención del Estado a través de ´´los faros“.

Samuelson argumentaba: En este caso no solamente sería improbable que el sector privado proveyera los faros, sino que, de poder hacerlo, no sería conveniente, ya que cada barco desincentivado para navegar por dichas aguas debido al pago del peaje por los servicios del faro representaría una pérdida económica social.

Nos encontramos ante uno de esos dogmas que acomodan las ideas sobre supuestos aparentemente lógicos, pero que siempre tienen mar de fondo. Otro premio nobel, Robert Coase, estudió detenidamente este caso de los faros y ¿qué descubrió?, que, durante los 400 años de historia de los faros ingleses, estos fueron financiados por el sector privado.

Martin Krause en un artículo para la UFM en 2017 mencionaba, Durante varios siglos, en Gran Bretaña, los faros fueron construidos y mantenidos por Trinity House (Inglaterra y Gales), los Comisionados de Faros del Norte (Escocia) y los Comisionados de Faros en Irlanda, cuyo presupuesto provenía del Fondo General de Faros, formado a su vez por los cargos que pagaban los armadores de buques. Esto en cuanto se refiere a los faros que ayudaban a la navegación general, ya que los faros de tipo “local” eran financiados por los puertos, que recuperaban los gastos en que incurrían mediante los cargos que hacían a quienes los utilizaban.

Es decir, el paquete completo de servicios que incluían los puertos proveía también de faros, y el coste de 400 años de faros en Inglaterra vino de mano del inversor privado. Así que cuando les digan que sin impuestos no tendríamos carreteras, acuérdense de los faros de Samuelson.

Desquitándome al contaros esta fascinante anécdota, me centraré en esa contrahistoria que no nos han enseñado en la escuela convencional, aquella historia por la que se explica el origen y consecuencia de los hechos que sí nos han enseñado. La revolución francesa, el imperio romano, el imperio español, tantas y tantas sociedades que han caído a lo largo de la historia y que tuvieron su génesis en una manipulación monetaria por parte de sus gobernantes.

Debería empezar, como no, con los primeros que nos lo advirtieron, y esto fue siglos antes de que naciera la economía de mano de Adam Smith, y además en España, dato que aporto para matar la leyenda negra de nuestra historia. Pues aquí se originó una escuela que aún hoy en día tienen vigencia con sus teorías, que no han perdido verdad con el paso de cientos de años.

La escuela de Salamanca nació en el siglo XVI y se concentró principalmente en teólogos de la universidad de Salamanca, ya sabemos que la élite intelectual en aquella época descansaba en la Iglesia. Los inicios de sus estudios sobre la economía emanaban de los consejos morales que los clérigos daban a los fieles sobre el comercio, sobre los intereses, sobre los beneficios, etc.

Pues bien, los escolásticos avanzaron tesis tan acertadas y que advertían sobre el riesgo de la manipulación monetaria como lo que nos anticipó el tratado de Diego de Covarrubias y Leyva en 1550 con el título ‟Veterum collatio numismatum”, un trabajo que escudriña la devaluación del maravedí castellano. Covarrubias nos informa a través de la estadística sobre la devaluación de la moneda.

Otro ejemplo, es el de Martin de Azpilicueta que en 1556 se refiere al aumento de precios y disminución de poder adquisitivo como resultado del incremento de oferta monetaria que se experimentaba en Castilla como consecuencia de la llegada masiva de metales preciosos de las colonias americanas.

Lo cierto es que, en lo referente al imperialismo de colonias comprobamos como todos los grandes imperios que perdieron territorios no desaparecieron, es decir, el colonialismo como bien dice Anxo Bastos, no sirvió más que para crear inflaciones de caballo en Europa, para financiar guerras. Y así lo reflejó Martin de Alizpicueta (comentario resolutorio de cambios).

En las tierras donde hay gran falta de dinero, todas las otras cosas vendibles, y aun las manos y trabajo de los hombres se dan por menos dinero que do ay abundancia del ; como por la experiencia se ve que en Francia, donde hay menos dinero que en España, valen mucho menos el pan, vino, paños, manos, y trabajos; y aún en España, el tiempo, que había menos dinero, por mucho menos se daban las cosas vendibles, las manos y trabajos de los hombres, que después que las Indias descubiertas las cubrieron de oro y plata. La causa de lo cual es, que el dinero vale más donde y cuando hay falta del, que donde y cuando hay abundancia.

Que actual y predictora su tesis de hace casi 500 años, más si cabe, dado el periodo inflacionista por el que estamos pasando. Quizá no se deba aún a la oferta monetaria del banco central europeo, pero probablemente no tardaremos en comprobarlo cuando Europa nos riegue de dinero para ayudas (dinero que habrá que devolver).

Tampoco se le escapó a nuestro escritor más ilustre, en su obra El Quijote, como la moneda se deprecia al observar su vínculo entre oferta y demanda, en el prólogo al lector de la Segunda Parte escribe el autor: La abundancia de las cosas, aunque sean buenas, hace que no se estimen, y la carestía, aun de las malas, se estima en algo. Don Quijote dice; y es razón averiguada que aquello que más cuesta se estima y debe de estimar en más (I,38).

Incluso antes que nuestros escolásticos, esto de depreciar moneda, de crear dinero no es nuevo. Voy a presentaros un curioso episodio del emperador Diocleciano, no tanto de manipulación monetaria si no de cómo actúan los torpes estatistas cuando sobrevienen las consecuencias del exceso de oferta monetaria, cuando viene la inflación.

 En un intento desesperado por frenar la inflación Diocleciano creó un edicto de precios poco después de su coronación en el año 284 d.c., que consistía en dictar a qué precio se debían de vender los productos y los servicios, el coste de una cerveza o el salario de un profesor.

  1. Rostovtzeff, un destacado historiador romano, resumía esta infeliz experiencia con estas palabras: El mismo recurso había sido intentado muchas veces antes de él y fue a menudo utilizado después. Como medida temporaria en un período crítico, podría ser de cierta utilidad. Como medida general con intención duradera, haría ciertamente grave daño y causaría terribles derramamientos de sangre, sin brindar ningún alivio. Diocleciano compartía la perniciosa creencia del mundo antiguo de la omnipotencia del estado, una creencia que muchos teóricos modernos continúan compartiendo con él y con el Estado.

Pero esto era un ‟no parar”, 60 años después el César Juliano el apóstata volvería a hacer lo mismo.

A lo largo de la historia nos encontramos reiteradamente la manipulación monetaria por parte de los monarcas, Carlos V creó un boom artificial causado por la inflación de metales preciosos procedentes de América, y creando una expansión crediticia artificial sin base en ahorro. Así refleja Ramón Carande en su libro ‟Carlos V y sus banqueros”, como sucedió el declive de un imperio y los motivos que pocas veces nos explican, las repetidas incautaciones y necesidades de liquidez por parte de la Hacienda Real.

Si nos vamos a otro imperio, veremos como el banco de Francia, que ya abusaba de emitir billetes sin respaldo, pasó a manos del Estado en 1718 y estos continuaron el abuso, ya para 1720 tenía un cristo de muy señor mío, una burbuja financiera tremenda. El escocés John Law convenció a Felipe de Orleans sobre la idea de emitir más billetes que depósitos tenía el banco y el boom financiero asoló Francia.

Esta etapa se llamó la burbuja del Mississipi, ya que después de establecer el banco central, Law adquirió Mississippi Company, así como se le concedió un monopolio respaldado por el gobierno sobre el comercio en todo el territorio francés de Luisiana.

En definitiva, estas creaciones monetarias que arruinaron a tantos imperios depreciando el valor de su moneda no acabaron con los viejos gobiernos, en el nuevo Estado creado posteriormente en Francia (con un rey Luis XVI sometido al pueblo), ¿qué creen que se hizo para activar la endeudada economía?

En abril de 1790 se emitieron 400 millones de Assignats respaldados por las propiedades de la iglesia. Pero como la economía no se recuperaba, en septiembre la impresora emitió otros 800 millones y en junio de 1791 otros 800 millones. De esta forma en los años sucesivos se vivieron turbas para cubrir algo tan básico como el pan, el saqueo pasó a formar parte de lo cotidiano y la Revolución Francesa había nacido.