El Disidente

¿China si, China no?

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Recientemente ha sido muy sonado la polémica entre George Soros, inversor y especulador profesional (en el buen sentido) y Blackrock, uno de los fondos más famosos de los EEUU y que además vehicula una grandísima parte del dinero impreso emitido por la Fed. Blackrock es partidario de invertir en China, al igual que alguna otra famosa inversora estadounidense, Cathie Wood. Curiosamente, esta misma inversora, a través de su fondo Ark Invest, ha reducido su exposición en el país asiático. Por otro lado, Michael Burry, famoso por predecir el crash inmobiliario de EEUU, también apuesta por la implosión china. Pero, ¿quién lleva razón?

 

Bajo nuestro punto de vista desde Arion Investments, y atendiendo a nuestra metodología de trabajo, China es uno de los países más importantes del mundo en tamaño y población, pero también es uno de los países más endeudados del mundo, que lo ha apostado todo al crecimiento expansivo a base de crédito barato, primero siendo el proveedor del mundo y, años más tarde, explotando su mercado interno. En el camino, en su obsesión por la expansión por decreto, ha utilizado el sector inmobiliario como pilar de crecimiento. La dinámica era sencilla: en un país con población creciente, que demanda casas, las inmobiliarias se endeudaban o apalancaban muy notablemente, construían y luego vendían y satisfacían la demanda. El problema es que, poco a poco, ese negocio ya no tenía tantos compradores, las obras se retrasaban y gran parte de los activos de los balances de las inmobiliarias chinas empezaban a ser casas a medio construir, lo que implica que no son vendibles o liquidables, es decir, convertibles en dinero en un corto plazo de tiempo. Es decir: hay una crisis de liquidez de estas inmobiliarias. Ante ese escenario se han tomado ya las clásicas medidas: pedirle al proveedor que gire los pagos más tarde, refinanciar la deuda bancaria o pedir adelantos a los clientes que compran una casa mientras se construye; aun así, la liquidez no ha sido suficiente. Eso ha impedido que estas empresas afronten sus pagos, dando lugar no ya a una crisis de liquidez, sino a una crisis de solvencia.

 

Es inevitable que a todos nos venga a la cabeza el caso de Evergrande por constituir un 2% del PIB chino con una deuda de 300.000 millones de dólares. Pero el problema no es esta empresa, sino que hay muchas “mini-Evergrande” en el sector inmobiliario chino pero también en otros sectores, y ante el encarecimiento de las materias primas, la rotura de las cadenas de suministro y otros tantos problemas que azotan a todo el mundo globalizado, hay una más que notoria probabilidad, dadas las cuentas actuales de la inmobiliaria Evergrande, de que no pueda pagar a sus proveedores y acreedores, entre los que se encuentran los bancos chinos. Esto produce un efecto contagio dentro de la economía del país: los proveedores y acreedores, que sufren impagos, dejan de pagar también a su vez a sus acreedores y proveedores correspondientes, y así se va generando un efecto cascada en el que al final se deja un reguero de empresas quebradas y deudas impagadas.

 

Ante esta situación, el gobierno chino tiene la opción de dejar caer a todas las empresas que se hayan “pasado de frenada”, o rescatarlas. Dado el corte ideológico tomado por el presidente Xi Jinping y por el Partido Comunista chino, quien recientemente afirmó que “la riqueza debe ser compartida”, parece difícil que rescate a esos pocos privilegiados en problemas a costa del resto. Por otro lado, no hace ni un mes que tuvo que salir en auxilio de otra empresa china a punto de quebrar, con una inyección de 15.000 millones. Si os dais cuenta, los países evolucionan, en muchos casos, de forma muy similar en lo que se refiere a los errores económicos. Este error de crecimiento basado en el crédito barato y las grandes infraestructuras o viviendas que no generan valor lo hemos visto en España y en EEUU hace casi 15 años, y lo vemos ahora en China. Además, llega un punto crítico en que el chicle no da más de sí: vemos entonces bastantes compañías cuyo crecimiento se ha basado en el crédito barato y en tratar de expandirse o diversificarse hacia otros sectores, y terminan resultando en auténticos conglomerados sin rentabilidad. Suponen que, como son buenos haciendo un negocio, será buenos haciendo cualquier otro, y no ven que en su mercado interno ya hay otros agentes que, en base al mismo crédito barato, ya han copado ese otro negocio o sector. Tal es el caso de la diversificación de Evergrande en, por ejemplo el mundo de fútbol con un equipo propio.

 

No menos importante es que el ritmo de crecimiento de la población china ha ido frenando durante muchos años por las políticas de hijo único, casa única. Esto implica que, donde antes había entre 3 y 5 clientes potenciales a futuro, ahora hay sólo uno. La demanda baja y la oferta sube. Los precios de la vivienda están disparados y la gente no puede acceder a ella, pero en cuanto la primera inmobiliaria quiebre, el resto que necesite liquidez tratará de “soltar lastre” y liquidar los activos finalizados que tenga; por tanto, si todas hacen lo mismo, los precios caerán; eso significará que los activos de los balances de estas compañías sufrirán una recesión de balance, con lo que la liquidez obtenida conllevará pérdidas patrimoniales, llevando así a más quiebras técnicas y más peticiones de rescate, o bien se emitirán bonos corporativos y se buscarán inversores para entrar en el capital. En ese escenario, China vivirá su propio España 2008/2009. Y no sólo en sector inmobiliario.

 

Y es que hay una obsesión por el crecimiento del  GDP (PIB) y se tiende a ser laxo con la política monetaria para lograr esa sobreexpansión; luego, cuando llega la corrección, llega el dolor. En la economía real, y también en la economía de los mercados financieros (porque no podemos evitar que lo que ocurra a nivel de mercado monetario se traslade a mercado financiero), veríamos en problemas una gran cantidad de empresas chinas que cotizan en bolsa, como fue el caso de Luckin Coffee, el equivalente chino de Starbucks, que precisamente por este paralelismo atrajo a muchos inversores. Vemos aquí el error clásico de comparar de forma simplista pares incomparables: Starbucks es estadounidense, y Luckin Coffee, china, exponiéndose así a reglas de juego distintas, mercados distintos e, inevitablemente, riesgos distintos. Un mayor mercado potencial o un mayor potencial de crecimiento no pueden hacernos olvidar que los riesgos de ambas compañías no son equivalentes.

 

Por tanto, nuestra posición desde Arion Investments, tras tener en cuenta el intervencionismo de la economía china por parte de su gobierno, la falta de claridad de los datos institucionales que ofrece, y el evidente problema de liquidez y solvencia en base a crédito barato que ahora sufren varias empresas importantes y sectores claves del país, nos lleva a ser muy prudentes a la hora de realizar inversiones en el país asiático por la coyuntura actual, dejando estas opciones de inversión a inversores que conozcan muy bien el terreno localmente y conozcan en qué compañías invertir. Pero lo desaconsejaríamos en el corto y medio plazo hasta que se den las correcciones necesarias para el inversor conservador o novel.

La información aquí contenida se expone a título meramente informativo y no constituye una recomendación de inversión, ni invitación, oferta, solicitud u obligación por parte de El Disidente ni de el blog de Arion Investments.

 Escrito por: Daniel Gutiérrez Velasco