El Disidente

El Liberalismo y el peso del Estado

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 Laissez-faire, laissez-passer, le monde va de lui-même (“Dejen hacer y dejen pasar, el mundo va solo”).

Esta frase que presenta el diario El Disidente nace con la escuela Fisiocrática francesa en el siglo XVIII, esta fórmula se usó para establecer una economía de mercado sin obstáculos. Podríamos decir que esto representa un buen reflejo del espíritu liberal.

Como ya vimos en el anterior artículo sobre el liberalismo económico, este surge por su fricción con los mercantilistas, contra la maquinaria estatal que busca riqueza y crea empresas monopólicas para este fin. Pues bien, si el Estado es un obstaculizador del mercado, el liberal tendrá en su objetivo combatir a los enemigos del comercio, los reguladores, los creadores de monopolios.

Pero ¿confía el liberalismo alguna potestad al Estado?

Para explicarlo voy a apoyarme en la definición de un término que no gusta a los liberales, ‟neoliberalismo″ según la RAE significa:

‟Teoría política y económica que tiende a reducir al mínimo la intervención del Estado″.

En esencia, esta definición nos describe un vector, un trayecto que en nuestro caso partiría de una estación de origen que vamos a llamar ″totalitarismo‟ (donde podemos encontrar el comunismo o el fascismo), y de ahí caminaríamos hacía la reducción del peso del Estado, pasando por las estaciones ‟socialdemocracia”, ‟liberalismo clásico”, ‟minarquismo” y llegaríamos a la estación de destino, ‟anarquía”.

Esta metáfora ferroviaria habla de un concepto crucial, el peso del Estado (dice el profesor Rodríguez Braun que en economía no hay ninguna metáfora buena), pero me voy a servir de ella para ilustrar las diferentes formas de liberalismo.

En origen, el liberalismo como propuesta teórica nace con fuerza de la mano de John Locke (1632-1704), que propone la libertad natural de la persona como el fundamento de la sociedad políticamente organizada.

Hay que entender que el liberalismo surge como la lucha de la burguesía contra la nobleza y la iglesia, una forma para que estos accedieran al gobierno a través del desarrollo libre de la economía.

En el anterior artículo vimos como la escuela de economía clásica, los A. Smith, D. Hume y compañía, concebían un Estado con menor peso, contextualmente ellos aceptaban gasto público, ahora bien, lejos del 40 % del gasto sobre el PIB al que estamos acostumbrados.

Las diferencias entre los distintos tipos de liberales vienen posiblemente de este punto, para minarquistas y anarquistas, la puerta que abre el liberalismo clásico es un cáncer con metástasis, una vez el Estado gasta, aunque sea poco, su voracidad tenderá a más y más gasto.

Todo empezó con la tesis de A. Smith en su obra ‟la riqueza de las naciones″, su libro, que es un compendio de libros, dice en el libro V, en el punto I (de los ingresos del soberano o del Estado);

El primer deber del soberano, el de proteger a la sociedad de la violencia y la invasión de otras sociedades independientes, solo puede ser cumplido mediante una fuerza militar.

El segundo deber del soberano, el de proteger en cuanto le sea posible a cada miembro de la sociedad contra la injusticia y opresión de cualquier otro miembro de la misma, o el deber de establecer una administración exacta de la justicia.

Hasta este punto un minarquista estaría de acuerdo, ¿de qué habla Smith?, de justicia y seguridad bajo el paraguas del Estado.

¿Pero qué dice el tercer punto?

El tercer y último deber del soberano o el Estado es el de construir y mantener esas instituciones y obras públicas que, aunque sean enormemente ventajosas para una gran sociedad son sin embargo de tal naturaleza que el beneficio jamás reembolsaría el coste en el caso de ningún individuo o número pequeño de individuos vayan a construir o mantener.

¿Qué observación debemos analizar en este tercer punto?, que el Estado puede gastar para cubrir ventajas para los ciudadanos en caso de que los propios ciudadanos nos las costearan por la elevada tasa de retorno.

Y la cuestión empieza ahí, ¿Qué puede entrar en este tercer punto al que se refiere Smith?, pues TODO. Los políticos encuentran la manera de que en ese cajón de sastre entre todo. Y con razón el gasto público de los estados ha crecido y crecido en las últimas décadas.

Así pues, vemos una fascinante lucha entre el liberalismo clásico, y las otras facciones liberales.

 ¿Qué defienden los minarquistas?

La palabra es un acrónimo entre mínimo y arquía, que es una palabra griega que se podría traducir como ″gobierno‟.

Pedro Schwartz en su libro ″En busca de Montesquieu‟, defiende el minarquismo a través de la defensa del constitucionalismo liberal, algo así como exigir al Estado responsabilidad a través de una menor intromisión por parte de este.

Un Estado mínimo que tiene su principal cometido en la seguridad a través de organizaciones militarizadas y justicia.  Robert Nozick en su libro ‟Anarquía, Estado y Utopía″ considera un Estado mínimo necesario, ″limitado a las estrechas funciones de protección contra la fuerza, el robo, el fraude, la ejecución de contratos, etc.‟.

Es frecuente que anarquistas libertarios reclamen al maestro Von Mises como uno de los suyos, pero Mises dijo:

«El gobierno como tal no solo no es un mal, sino la institución más necesaria y beneficiosa, ya que sin él no existe una cooperación social duradera y ninguna civilización sería posible»

Ludwig Von Mises no era amigo de los intervencionistas, su vehemencia le llevó en una ocasión a arengar a sus colegas liberales por tibios.

En la sociedad liberal Mont Pelerin formada por Hayek en 1947 se llegaron a juntar eminencias como Popper, Friedman, Buchanan, Coase o Becker. En una ocasión, Mises no se mostró convencido con los argumentos de sus colegas, entre los que estaba Milton Friedman, su esposa Rose (también de la escuela de Chicago), Frank Knigth y Palyi (teórico monetario), pues bien, en un arrebato de cólera Mises antes de dar un portazo les gritó, ¡sois una atajo de socialistas!. No quiero pensar que le diría a cualquier político español actual.

Finalizando con el minarquismo, me encuentro uno de mis iconos después de A. Smith, el vascofrancés Frederic Bastiat. Un grande que escribió ″La ley‟, que sentó bases en contra del proteccionismo de Estado, pero que argumentaba que el gobierno tenía un propósito, proteger la vida, la libertad y la propiedad privada.

En un journal argumentó al igual que Smith, que el Estado debería destinar algunos recursos para ayudar a ciertas personas desafortunadas, para que pudieran adaptarse a las condiciones cambiantes.

En definitiva, y según diría un anarcocapitalista, eso es dejar entrar al lobo en el corral.

Finalizo con el anarcocapitalismo, quizá donde más liberales apasionados encontraremos, con primeras espadas en nuestro país como Jesús Huerta de Soto o Anxo Bastos, pero sin perder de vista a referentes históricos como Murray Rothbard o Popper.

Como bien dice el profesor Bastos, el anarcocapitalismo lo hallamos en estructuras organizacionales como la Iglesia, en un grupo de amigos o en mi tierra, en las fallas valencianas. Todas ellas, al carecer de una estructura estatal permiten al individuo entrar y salir bajo su consideración, cosa que no sucede si un ciudadano español se quiere salir de la estructura de poder de su país, dejando de pagar impuestos, por ejemplo.

La crítica a los anarcos se asienta precisamente en la falta de ejemplos históricos donde chequear la validez del sistema anarquista. Si bien es cierto que hay ejemplos históricos.

En tiempos lejanos, en la Islandia Medieval, tenemos uno de los ejemplos más ilustrativos de justicia privada y descentralizada en pleno funcionamiento. Nace de la colonización de Islandia por los noruegos en el 870 y adopta una organización de comunidades políticas de adscripción voluntaria. La particularidad de este sistema es que los súbditos de cada jefe podían modificar su lealtad en cualquier momento sin cambiar su localización geográfica, o incluso renegar de jurar lealtad a cualquier caudillo.

En la teoría del Estado analizada por anarcos, veremos que los orígenes del mismo fueron fraudulentos, para ellos el Estado es una entelequia formada por simbolismos, equipos de fútbol, banderas, himnos, que se han estructurado bajo el poder legítimo de la violencia, como dijo Max Weber o recientemente Grande Marlaska.

Lo más interesante de esta idea liberal es que no se cierra a esquemas herméticos y establecidos, es un ejercicio dinámico, donde se trabaja con supuestos que no se han llevado a la práctica y que sirven de contrapeso. Modelos antiguos, actuales y abstracciones no experimentadas son variables de la ecuación de una hipotética coordinación de un grupo de individuos, no hay base científica para suponer que el Estado es el único que nos va a proveer de la economía del bienestar.

Como fan de los Beatles, imaginad lo que hubieran evolucionado si uno de ellos le hubiera dicho a George que nunca antes se había introducido un sitar en el pop, que se dejara de experimentos.

 Todas las opciones liberales; Clásicos, minarquistas y anarcocapitalistas, tienen dos elementos comunes, la libertad del individuo y su disputa con el peso del Estado.