El Disidente

¿Es el liberalismo de derechas?

Share on facebook
Facebook
Share on email
Email
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on whatsapp
WhatsApp
Share on telegram
Telegram

Vivimos tiempos en los que se airea al adjetivo neoliberaltan habitualmente que se ha incorporado a nuestro vocabulario diario, término que se aplica a aquel que consideramos conservador o rancio, bien sea de derechas, de extrema derecha, o simplemente que no es de izquierdas. También cabría decir que la derecha se regodea en esta semántica y se atribuye cierta dosis de liberalismo para ganar algún voto.

Pero ¿es liberal la derecha?

Vamos a repasar el recorrido del liberalismo empezando por la irrupción del mismo como reacción al mercantilismo. El mercantilismo fue hegemónico en los siglos XVI, XVII y mitad del XVIII y se caracterizó por la acumulación de riqueza (principalmente metales preciosos, no había nación puntera que no tuviera su compañía de Indias para explotar colonias). A mayor acumulación de riqueza, mayor prosperidad y poder político. Para hacernos una idea de magnitudes, la Compañía de las Indias Orientales tenía en su apogeo un ejército de 260 mil efectivos, el doble que el ejército permanente británico.

Pero, sobre todo, el Estado tenía la capacidad de controlar toda actividad económica y social necesaria para lograr el objetivo de acumulación de riqueza (controles, restricciones, subsidios, etc.). Su intervención tenía un carácter esencialmente proteccionista, a modo de comparativa con la socialdemocracia actual, Juan Ramón Rallo señala que:

Mientras esta última dice aspirar a que un puñado de ricos sean parasitados por millones de ciudadanos (redistribución de la renta de arriba abajo), el mercantilismo aspira ciertamente a que millones de ciudadanos sean parasitados por un puñado de antiguos ricos incapaces de readaptarse al nuevo mundo (redistribución de la renta de abajo arriba) (J.R. Rallo, 2016).

Frente a ese escenario mercantilista surge el liberalismo económico, y fue de la mano de la Escuela clásica, la Riqueza de las naciones de Adam Smith y economistas como Hume, David Ricardo, Thomas Malthus, Jean Batiste Say, James y Jhon Stuart Mill o William Senior.

Pero ¿cómo eran estos liberales clásicos?, ¿eran de derechas?

Bueno, si la derecha se asocia a valores tradicionales, podríamos afirmar que tanto PP como PSOE son de corte socialdemócrata, ambos tienen experiencias de gobierno y económicamente han dispuesto de un gasto similar en sus presupuestos. Antes de que ambos metieran la mano en la caja, teníamos un gasto por debajo del 20 % (1964), cuando se instaló la socialdemocracia (desde 1984 hasta hoy) la media ha rondado el 40 %.

El liberalismo no es pro-empresas, sino pro-mercados, por lo tanto, la derecha socialdemócrata ha mostrado su ansía intervencionista a través del gasto, alejándose del libre mercado, es ahí donde vemos cierta similitud con el mercantilismo a diferencia de las teorías de los clásicos. Solo tenemos que recordar que el PP en la etapa de Rajoy-Montoro realizó la subida de impuestos más importante en la historia reciente.

En lo que refiere a política económica los clásicos eran liberales en líneas generales, y en lo referente al de gasto público, toleraban cierta dosis de intervención estatal, pero mucho menos de lo que nos ha acostumbrado la política del siglo XXI.

¿Cómo eran de tradicionales los economistas liberales de la escuela clásica?, los dos máximos exponentes, A. Smith y David Hume, podríamos decir que no cultivaban dos aspectos propios de los valores conservadores de la derecha, la familia convencional y la religión.

Ambos eran solteros, alguna novieta se le conoció a Hume, pero no tuvieron esposa e hijos, Smith vivió con su madre hasta la muerte de esta, podríamos decir que ambos eran personajes ensimismados en tareas intelectuales. En la faceta religiosa, en una sociedad de corte clásico donde difícilmente se prosperaba sin profesar sentimientos píos, nos encontramos con un A. Smith ambiguo sobre su fe y que fue sospechosamente esquivo en la materia. El contexto histórico versa de una época en la que lo normal era exhibir la pertenencia a la corriente moral mayoritaria.

Sin embargo, su amigo Hume mostró su desdén por la religión y esto le costó varios puestos de trabajo, siempre me viene a la cabeza su episodio del lodazal que describe muy gráficamente su credo.

Cuenta la historia que, un día, resbaló mientras cruzaba por el estrecho paso y cayó a un lodazal, sin poder salir por su propio pie (Hume era un hombre rechoncho). Al final, consiguió llamar la atención de un grupo de pescaderas, pero las mujeres le reconocieron como ´´el malvado e incrédulo David Hume“, y se negaron a ayudarle hasta que recitara devotamente el padrenuestro. Lo hizo en menos que canta un gallo y ellas, fieles a su palabra, procedieron a rescatar al filósofo. Hume lo relataba con gran júbilo, afirmando que las pescaderas de Edimburgo eran las teólogas más espabiladas que jamás había conocido. (el infiel y el profesor, de Dennis C. Rasmussen)

Cierro esta etapa de la escuela clásica con otro ejemplo de liberal en este caso socialista, Stuart Mill, defensor de la libertad, pero según él, una vez la producción está hecha, la sociedad (el Estado) puede decidir cómo distribuir debido a los fallos del mercado. Esto es el socialismo democrático, el intervencionismo moderno.

Observamos pues rasgos del liberalismo en los clásicos que no se arriman a los valores de la derecha conservadora de antaño, o a la derecha socialdemócrata actual.

Pero ¿Qué logros consiguieron los liberales que pudieran haber sido añorados por la derecha?

En la mayor etapa de divulgación liberal que se llevó a cabo en Inglaterra, se consiguieron cotas de gran estabilidad, quizá por sus características geográficas, puesto que se trata de una nación insular difícil de invadir. La propiedad privada gozó de salud gracias a la ausencia de autoridades feudales al estilo continental y así se dieron los factores suficientes para emprender un proceso de crecimiento liberal.

Allí surgieron movimientos civiles que lucharon por el liberalismo, los llamados Levellers, liderados por un coronel del ejército llamado John Lilburne (1614-1657), quien aseveraba que los derechos de las personas eran innatos y no concedidos por el gobierno o la ley. Pero fue Richard Cobden el personaje más curioso, un comerciante que tuvo el respaldo económico de su familia para dejar de trabajar y dedicarse a divulgar como si fuera un apóstol del liberalismo.

A colación de su iniciativa nació el Manchesterismo, una escuela librecambista y antiimperialista. Y sus logros más bien los hubiera anhelado cualquier socialista antes que la derecha política; impuesto sobre la renta, leyes que ponen fin al trabajo infantil en Reino Unido o el tratado Cobden-Chevalier de libre comercio entre Inglaterra y Francia (cabe considerar que antes de dicho tratado, la ley arancelaria de los cereales condenó al hambre a gran parte de la población). También se creó la ley de corporaciones municipales en 1835 donde la representación política de los municipios dejaría de ser solo del cacique (como vemos, bien hubiera firmado este avance progre el propio Pablo Iglesias).

En estos años, 1836-1837, en España un liberal llamado Juan Álvarez Mendizábal asestó un duro golpe a la iglesia expropiándoles tierras como nunca antes se había visto, una vez más los valores católicos de la derecha se contravinieron a las premisas liberales.

Y si avanzamos al siguiente siglo en la historia, no podemos evitar el paso por la etapa más supuestamente entendida como de derechas y que conocemos con el nombre de fascismo. La etimología de la palabra viene del italiano, de fascio, que se observa literalmente como haz, un manojo de varas que sujetaba un hacha; esto se constituiría en el emblema de la ideología en torno al concepto. Se lo acompaña por el sufijo -ismo, que refiere a la idea de doctrina o corriente.

Este apelativo fue adoptado por Benito Mussolini en Italia para originar un movimiento político de naturaleza totalitaria, entre los años 1918 y 1939. Nos hallamos pues frente a la época en la que el fascismo está en pleno apogeo y nosotros nos preguntamos, ¿dónde se situó el liberalismo?

Si la serie La casa de papel ha puesto de moda El Bella Ciao, conviene recordar, que no es un himno comunista, sino contra la ocupación nazi en Italia. La resistencia italiana estaba formada por liberales, democristianos, socialdemócratas y también por comunistas. En este punto si alguna ley logra confundir nuestra memoria histórica, quien sabe si en el futuro rezarán los libros que el comunismo derrotó a Mussolini.

Pues no, fueron los liberales los principales enemigos del dictador, sus propias palabras son aclaratorias, “el siglo diecinueve era el siglo del liberalismo y que el siglo veinte sería el siglo del fascismo” (Jonah Goldberg, Ibídem., p. 31).

Si el liberalismo nace contra el Estado, el fascismo es Estado, y volviendo a las palabras del dictador: “El pueblo es el cuerpo del Estado, y el Estado es el espíritu del pueblo. En la doctrina fascista, el pueblo es el Estado y el Estado es el pueblo. Todo en el Estado, nada contra el Estado, nada fuera del Estado”.

Como hemos visto, en diferentes etapas, bien donde el protagonista era el movimiento liberal, o bien donde el protagonista era el estatismo, los liberales siempre se situaron alejados del mercantilismo, del fascismo y en general de los movimientos en los que la comunidad pasaba por encima del individuo.

No podemos encuadrar al liberalismo en la derecha o en la izquierda ideológica, ahora bien, ambas formas tienen cabida en el liberalismo en tanto en cuanto no impidan unos a otros realizar su proyecto irrestricto de vida. El modelo liberal parte de la idea de que el individuo tiene preferencia sobre la comunidad y donde lo social surge de la suma de las acciones aisladas. Dentro de un orden político liberal, los actores se relacionan entre sí como sujetos jurídicos y no como ciudadanos, o sea, la institución del contrato y su principio de autonomía contractual (Pacta sunt servanda).

Si avanzamos un poco más en el siglo XX, llegamos a la escuela austriaca, ¿Qué dijeron dos ilustres austriacos del siglo XX sobre el liberalismo y la derecha?

El premio nobel Hayek, que tuvo el estigma del nazismo cuando emigró a Inglaterra hasta tal punto que para desalemanizarse pasó de ser Von Hayek a simplemente Hayek, en 1959 escribió:

Se suele suponer que, sobre una hipotética línea, los socialistas ocupan la extrema izquierda y los conservadores la opuesta derecha, mientras los liberales quedan ubica­dos más o menos en el centro; pero tal representación encierra una grave equivocación. A este respecto, sería más exacto hablar de un triángulo, uno de cuyos vértices estaría ocupado por los conservadores, mientras socialistas y liberales, respectivamente, ocuparían los otros dos.

Y como colofón dejaré la reflexión del no menos importante liberal austriaco junto a Hayek, Ludwig Von Mises, que decía:

Los socialistas y los liberales están de acuerdo en que el objetivo final de la política económica es lograr un estado de la sociedad que asegure la mayor felicidad para el mayor número de personas. Bienestar para todos, el mayor bienestar posible para el mayor número posible… Sólo sobre el modo de alcanzar este objetivo final de la política económica sus puntos de vista están en desacuerdo. Un orden económico basado en la propiedad privada de los medios de producción y que dé el mayor alcance posible a la actividad y a la libre iniciativa del individuo asegura al liberal la consecución del objetivo al que aspira. El socialista, en cambio, trata de alcanzarlo mediante la socialización de los medios de producción.

Una de las batallas del liberalismo será divulgar que la derecha y la izquierda pueden ser más o menos liberales, pero el liberalismo no puede ser de derechas, ni de izquierdas.